Taller en Matadero Madrid

Este mediodía he recibido un correo confirmando que estaba seleccionada para participar en el programa de Residencia Artística de Matadero Madrid; en concreto, en el taller La libido del capital (y la nuestra), impartido por Amador Fernández-Savater. Aquí toda la información.

La participación era sencilla, solo había que contestar a la pregunta “¿cuál es la libido del capital?” por correo electrónico. Mi mail fue bastante improvisado pero sincero y también adjunté un breve ensayo. No sé si el proceso de selección ha sido muy riguroso o no, lo importante es que será un taller súper interesante y lo aprovecharé al máximo.

Aquí os dejo mi respuesta, que va en la línea del contenido del taller. La comparto por si os habéis quedado con la curiosidad y para que la tengáis a mano – nunca se sabe qué nos pueden preguntar en el momento más inesperado:

“Concibo la creación artística como sueño creador, impulso de vida y expresión máxima de libertad. Creo que la libido del capital y la nuestra es el control constante del yo, que se mueve únicamente por el placer del “objetivo alcanzado” y el ansia de reconocimiento social en forma de resultados. En esa dialéctica de opuestos entre la libertad y la alienación se debate el individuo contemporáneo. Esta cultura dominante afecta en especial al artista o filósofo, que debe y necesita encontrar tiempo y lugar para la reflexión.”

¡Empiezo el próximo martes, os mantendré informados!

 

 

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París

Una silueta, una sombra, un sueño siempre deseado. París: el gran símbolo. Alejandra decidió de pronto tomar el avión, recorrer esa distancia entre la representación y la ciudad real, superar la diferencia de la escala de los mapas y los souvenires.

Fue de noche al Puente Nuevo, o al menos así lo recuerda. Le envolvía la bruma que se forma junto al Sena. Bruma de frío, piedra, historia, literatura e imágenes ya conocidas.

Qué gran búsqueda, encontrar París entre la niebla.

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Une promenade – Toulouse

Ce n’est pas un poème français.

Mentira y pretensión.

Escucha bien: más de diecinueve mil pasos no hacen un paseo.

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La conversación va y vuelve con sus recovecos

como el Garona se retuerce atravesando la ciudad

sin mezclarse con el asfalto.

Arrastra un torrente de agua, pensamiento y silencios.

 

Caminar.

Conversar.

 

La lluvia a veces furiosa y otras ligera

casi alegre

nos sacude, desprevenidas y absortas.

Su frescor desata el yo anudado:

provoca de pronto una crecida.

De pronto, hablamos de recuerdos.

 

Parar.

Observar.

 

La ciudad respira sosegada, a ritmo de rueda de bicicleta… susurro constante,

giro y recorrido infinito.

 

En la promenade repetimos palabras viejas con fascinación nueva.

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Toulouse – octubre 2017

Image

Technicolor

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– ¿Otra vez ese sueño?

– Sí, otra vez. El pueblo en la costa, las plantas amarillas y todo tan lejano…

– ¿Aparecía Hitchcock?

– No, pero yo sabía que estaba ahí en algún sitio esperándome.

– ¿Aparecía alguien más? ¿Alguna actriz?

– No. Solo el paisaje y yo corriendo hacia la imagen, como intentando entrar en la pantalla.

– ¿Llegabas a tocar la imagen?

– No. Solo corría y lloraba y estaba convencida de que Hitchcock estaba en una casa en ese pueblo. Tenía que encontrarlo.

– ¿Algún sonido?

– Creo que sí… Un ruido constante de algo que gira automáticamente. Un tren lejano o el ruido de una película que se está proyectando, cada vez más fuerte. Y yo corriendo. De pronto me veía a mí misma, en primer plano, con una mano extendida, el rostro angustiado. Un contrapicado. Corría y no avanzaba. Entonces todo se volvía teatral, falso.

– Respira, Grace… ¿Algún detalle más? ¿Colores?

– ¡Sí! ¡Yo estaba en blanco y negro! ¡En blanco y negro!

– ¿Qué significa eso? ¿Cómo te sientes al estar en blanco y negro?

– ¡Fuera de la imagen! ¡Estoy fuera y no puedo entrar! La imagen está coloreada y yo estoy en blanco y negro… – Grace Kelly comienza a sollozar. – Algo va a cambiar. Algo va a cambiar pronto y no podré hacer nada.

– ¿Amarillo?

– Envidia

– ¿Mar?

– Soledad

– ¿Cine?

– ¡Prohibido!

Grace Kelly llora angustiada y mira al doctor que toma notas en su cuaderno.

– Es una premonición, ¿verdad?

– Aún no podemos saberlo, Grace. No lo sabremos hasta el final de la película.