Trucos

Hiciste trampa

jugando a cartas.

Pensabas

que no me di cuenta

cuando guardaste

el siete de picas

bajo la manga.

Son tan viejos tus trucos

como el mismo mundo.

Son tan claros tus miedos

que ya no me asusto

y cuando los veo,

los saludo,

los invito a pasar,

siéntense en el sofá,

¿quieren algo para tomar?

Sonrío.

Y en el café

y en las heridas,

en lugar de azúcar,

pongo sal.

Fiodor

Es hermoso indignarse,

dijo Fiodor.

Es tan bella la ira,

el brillo en los ojos

de rabia

y la pasión furibunda.

La nariz hinchada,

los labios firmes,

las manos tensas,

el cuello rígido.

Besaría cada huella

que el amor dejó en tu piel.

Besaría tu impotencia,

el hueco

de lo que te arrebataron.

Quiero entrar

por las grietas

a tu alma.

Quiero apaciguarte

con solo rozarte

o quizá…

Quizá jugar contigo.

Enfadarte aún más

hasta que vayas a estallar,

¡tan hermoso,

fuera de ti mismo,

tan vivo!

Y entonces reír.

Reírme de felicidad

al saber que he sido yo

-¡yo!-

quien ha provocado

el juego.

Necesito

tanto

verte.

Necesito

tanto

enfadarte.

Tres hadas

Se te han podrido

otra vez

las naranjas

en el frutero.

Has llamado

sin saberlo

a las tres damas.

Son como las hadas

de aquellos cuentos

de infancia.

Se te han aparecido

– pobreza, soledad,

tristeza –

en la cocina

esta mañana

y tú dormida,

con ese gesto tan tuyo

las despediste

de malos modos.

Niña tonta,

date cuenta

que puedes enfurecerlas

y entonces volverán

violentas, despiadadas,

como el ladrón en la noche

aun peor que la muerte

a buscarte

cuando no las llames.

 

 

La gran belleza

Es una película que me lleva como la cámara en esos planos secuencia que sobrevuelan Roma y se acercan a las esculturas y se alejan de los rostros para volver de lleno a ellos y observar sus miserias de cerca. Todas parecen hermosas y ninguna repugna. Me lleva sobre todo su música, a veces vulgar a veces exquisita. Lo que se escucha cuando nadie habla. La verdad que se esconde tras las mascaradas. La belleza que envuelve también lo mezquino. Son tan bellas las palabras y las fachadas de las ciudades turísticas, de los hombres viejos, de las mujeres acomplejadas, del amor oculto. Temo olvidar las imágenes, temo olvidar los gestos y las miradas de La gran belleza. Guardo aquí una impresión y un sonido para no permitir que la vida pase tan efímera como el vuelo de un flamenco o el primer beso.

Colección

Tenía una colección de sus miradas cronológicamente ordenadas. Las tenía expuestas en los pasillos de la memoria, estáticas como los cuadros de los pintores flamencos que vio en El Prado el día que se despidieron. Recorriéndolas una y otra vez, arriba y abajo, mirando las miradas, se preguntaba ahora qué hago con ellas.